Cómo afrontar la muerte de un ser querido: recomendaciones de los psicólogos

Cómo afrontar la muerte de un ser querido: recomendaciones de los psicólogos

Hemos pensado durante mucho tiempo si debíamos escribir sobre ello en nuestro blog, pero hemos decidido que sí. El tema de la muerte es muy difícil, pero muy importante para el estado psicológico de una persona. Muchas personas pierden el control y la confianza en sí mismas a causa de una tragedia tan inesperada y repentina con un ser cercano y querido como es la muerte.

El gran escritor Erich Maria Remarque dijo una vez «El dolor se vuelve real y cercano sólo cuando te toca personalmente». Y realmente lo es. Rara vez pensamos en las experiencias de los demás hasta que nos enfrentamos a ellas nosotros mismos. Y cuando lo hacemos, simplemente no estamos preparados para afrontarlo.

La muerte de un ser querido es siempre un choque profundo; un choque que deja cicatrices en el alma para toda la vida. Una persona en un momento de duelo siente una pérdida de conexión emocional, tiene un sentimiento de deber incumplido y de culpa. ¿Cómo afrontar las experiencias, las emociones, los sentimientos y aprender a seguir adelante? ¿Cómo afrontar la muerte de un ser querido? ¿Cómo y de qué manera ayudar a alguien que está experimentando el dolor de la pérdida? Siga leyendo nuestro artículo.

Actitudes de la sociedad moderna ante la muerte

Varía. Algunos dicen: «No llores todo el tiempo», «Aguanta», «Está mejor allí», «Todos estaremos allí». Todos estos consuelos tienen que ser escuchados por el doliente.

Hay ocasiones en las que el doliente se enfrenta solo a la muerte de un ser querido. Y esto ocurre no porque los amigos y colegas sean crueles e indiferentes, sino simplemente porque mucha gente tiene miedo de la muerte y del dolor ajeno. Muchos quieren ayudar, pero no saben cómo ni con qué. Tienen miedo de no tener tacto, no encuentran las palabras adecuadas. Y el secreto no está en las palabras curativas y reconfortantes, sino en la capacidad de escuchar y hacer saber que se está ahí.

La sociedad moderna rehúye todo lo relacionado con la muerte: evitan hablar, se niegan a hacer el duelo, intentan no mostrar su dolor. Los niños tienen miedo de responder a sus preguntas sobre la muerte. Existe la creencia en la sociedad de que una muestra de dolor demasiado larga es un signo de enfermedad o trastorno mental. Las lágrimas se consideran un ataque de nervios.

Muy a menudo una persona está sola en su dolor: el teléfono no suena en su casa, la gente le evita, está aislada de la sociedad. ¿Por qué ocurre esto? Porque no sabemos cómo ayudar, cómo consolar, qué decir. No sólo tenemos miedo a la muerte, sino también al duelo.

Por supuesto, comunicarse con una persona en duelo no es precisamente cómodo desde el punto de vista psicológico, hay muchos inconvenientes. Una persona puede llorar, hay que consolarla, pero ¿cómo? ¿De qué hablar con él/ella? ¿Y si se le hace aún más daño? Muchos de nosotros no podemos encontrar las respuestas a estas preguntas, nos alejamos y esperamos el momento hasta que la propia persona se enfrente a su pérdida y entre en razón. Sólo las personas espiritualmente fuertes se mantienen cerca del doliente en un momento tan trágico.

Cómo afrontar la muerte de un ser querido: recomendaciones de los psicólogos

Los rituales de los funerales y el duelo se han perdido en la sociedad actual y se perciben como una reliquia del pasado, porque somos «gente civilizada, inteligente y culta». Pero fueron estas antiguas tradiciones las que nos ayudaron a soportar adecuadamente el dolor de la pérdida. Por ejemplo, las plañideras, a las que se invitaba a acercarse al féretro para repetir ciertas fórmulas verbales, hacían llorar a los familiares que estaban aturdidos o conmocionados.

Hoy en día, sin embargo, se considera incorrecto llorar ante el féretro. Existe la idea de que las lágrimas causan mucha angustia al alma del difunto, que lo ahogan en el otro mundo. Por eso se acostumbra a llorar lo menos posible y a contenerse. El rechazo del luto y la actitud moderna de la gente hacia la muerte tienen consecuencias muy peligrosas para la psique.

El duelo es individual

Todas las personas experimentan el dolor de la pérdida de forma diferente. Por eso, la división del duelo en etapas (períodos) adoptada en psicología es condicional y coincide con las fechas de conmemoración de los difuntos en muchas religiones del mundo.

Son muchos los factores que influyen en las etapas por las que pasa una persona: el sexo, la edad, la salud, la emotividad, la educación, la conexión emocional con el fallecido. Pero hay reglas generales que hay que conocer para evaluar el estado mental y emocional de una persona que está pasando por el duelo. Es necesario tener una idea de cómo afrontar la muerte de la persona más cercana, cómo y de qué manera ayudar a quien tiene la desgracia.

Las siguientes reglas y pautas se aplican a los niños que están pasando por el dolor de la pérdida. Pero hay que tratarlos con más cuidado y precaución. Entonces, ha muerto un ser querido, ¿cómo afrontar el duelo? Para responder a esta pregunta, es necesario comprender lo que les sucede a los dolientes en este momento.

Las 8 etapas del duelo

¿Cómo ayudarse a sí mismo y a los demás a sobrellevar la muerte de un ser querido? Consejos, las formas en el periodo inicial se reducen a una cosa: creer en lo que ha pasado, dejar que los sentimientos salgan a la luz, hablar de ellos con quienes estén dispuestos a escuchar, llorar. Por lo general, el periodo dura unos 30-40 días. Si se prolonga durante meses o incluso años, deberías acudir a un psicólogo o a un sacerdote.

Veamos los ciclos por los que pasa el duelo.

1. El shock y la consternación

El primer sentimiento que siente una persona que pierde inesperadamente a un familiar es la incomprensión de lo que ha pasado y de cómo ha sucedido. Un solo pensamiento pasa por su cabeza: «Es imposible. No puede ser!».

La primera reacción que experimenta es el shock. De hecho, es una reacción de protección de nuestro cuerpo, una especie de «anestesia psicológica». El shock se presenta de dos formas:

  • Estupor, incapacidad para realizar acciones habituales;
  • Actividad excesiva, agitación, gritos, inquietud.

Y estos estados pueden alternarse. La persona no puede creer en lo ocurrido, a veces empieza a evitar la verdad.

En muchos casos, hay una aversión a lo que ha sucedido. Entonces la persona:

  • Busca el rostro del fallecido entre la multitud de personas;
  • Habla con él;
  • Escucha la voz del difunto, siente su presencia;
  • Planea algunos eventos conjuntos con él;
  • Conserva intactas sus pertenencias, la ropa y todo lo relacionado con él.

Si una persona niega el hecho de la pérdida durante mucho tiempo, se pone en marcha un mecanismo de autoengaño. No acepta la pérdida porque no está preparada para experimentar un dolor mental insoportable.

Los psicólogos distinguen ciertas etapas del duelo que experimentan todas las personas que han perdido a sus seres queridos. No van una tras otra en estricta secuencia, cada persona tiene sus propios periodos psicológicos. Comprender lo que le ocurre al doliente le ayudará a sobrellevar el duelo más fácilmente.

Ya se ha hablado de la primera reacción (shock y consternación), aquí están las siguientes etapas del duelo:

2. Negación de lo que está ocurriendo

«No ha podido pasar»: la razón principal de esta reacción es el miedo. La persona tiene miedo de lo que ha pasado, de lo que va a pasar. La mente niega la realidad, la persona se convence de que no ha pasado nada.

Exteriormente, el doliente parece aturdido o inquieto, organizando activamente el funeral. Pero esto no significa que haya superado fácilmente la pérdida, sino que todavía no se ha dado cuenta de lo que ha pasado.

Una persona que está aturdida no necesita que la protejan de las preocupaciones y las molestias de un funeral. El papeleo, la organización de los servicios fúnebres y conmemorativos, el encargo de los servicios funerarios le obligan a comunicarse con la gente y le ayudan a salir del estado de shock.

Sucede que en un estado de negación, una persona deja de percibir adecuadamente la realidad y el mundo. Esta reacción es efímera, pero es necesario sacarle de ese estado. Para ello, es necesario hablarle, llamarle por su nombre todo el tiempo, no dejarle solo, distraerle de sus pensamientos.

Pero no es necesario consolar y tranquilizar, ya que no servirá de nada. Esta etapa no es larga. Es como una preparatoria, la persona se prepara mentalmente para el hecho de que ya no hay un ser querido. Y en cuanto se da cuenta de lo ocurrido, pasa a la siguiente etapa.

3. Rabia, resentimiento, ira

Estos sentimientos se apoderan de la persona por completo. Está enfadado con el mundo que le rodea, para él no hay gente buena, todo está mal. Está convencido internamente de que todo lo que ocurre a su alrededor es una injusticia.

La fuerza de estas emociones depende de la persona. Tan pronto como el sentimiento de ira pasa, es inmediatamente sustituido por la siguiente etapa de dolor.

Cómo afrontar la muerte de un ser querido: recomendaciones de los psicólogos

4. Sentimiento de culpa

El doliente suele recordar al difunto, los momentos de comunicación con él, y empieza a darse cuenta de que le prestó poca atención, que habló con dureza o grosería, que no pidió perdón, que no dijo que amaba, etc.

El pensamiento viene a la mente: «¿Hice todo lo que pude para evitar esta muerte?». A veces ese sentimiento se queda con la persona por el resto de su vida.

5. Depresión

Esta etapa es muy difícil para las personas que están acostumbradas a guardar todos sus sentimientos para sí mismas y a no mostrarlos a los demás. Los agotan por dentro, la persona pierde la esperanza de que la vida se normalice.

A veces, el doliente se niega a ser compadecido, tiene un estado de ánimo sombrío, no se pone en contacto con otras personas, todo el tiempo trata de reprimir sus sentimientos, pero esto lo hace aún más miserable. La depresión tras la pérdida de un ser querido deja una huella en todos los ámbitos de la vida.

6. Aceptación de lo ocurrido

Con el tiempo, la persona acepta lo que ha sucedido. Empieza a recobrar el sentido común y la vida mejora más o menos. Cada día su estado mejora, y el resentimiento y la depresión se debilitan.

7. La etapa de reanimación

Durante este periodo, la persona es poco comunicativa, se calla mucho y, durante mucho tiempo, suele encerrarse en sí misma. Este periodo es bastante largo y puede durar hasta varios años.

8. Organizar la vida sin un ser querido

Después de todas las etapas de la vida de una persona que ha pasado por el duelo, muchas cosas cambian y, por supuesto, él mismo se vuelve diferente.

Muchas personas intentan cambiar su forma de vida anterior, encontrar nuevos amigos, cambiar de trabajo, a veces de lugar de residencia. La persona construye un nuevo modelo de vida.

Síntomas de un duelo «normal»

El renombrado psicólogo Erich Lindemann ha identificado los síntomas del duelo «normal», es decir, el sentimiento que se desarrolla en toda persona ante la pérdida de un ser querido. Así, los síntomas:

  • Fisiológicos, es decir, ataques recurrentes de sufrimiento físico: sensación de opresión en el pecho, ataques de vacío en el estómago, debilidad, boca seca, calambres en la garganta;
  • Los síntomas conductuales son: ritmo apresurado o lento del habla, incoherencia, rigidez, falta de interés por los asuntos, irritabilidad, insomnio, todo se le va de las manos;
  • Síntomas cognitivos: confusión de pensamientos, falta de confianza en uno mismo, dificultades de atención y concentración;
  • Síntomas emocionales: sentimientos de impotencia, soledad, ansiedad y culpabilidad.

En cuanto a otros síntomas y cambios en el comportamiento de la persona, se consideran «anormales» y es mejor acudir al médico.

Un momento de dolor

Todas las personas se afligen y tardan en darse cuenta de la pérdida de un ser querido de diferentes maneras. Pero lo más frecuente es que ocurra en los siguientes plazos:

  1. El shock y la negación de la pérdida duran unas 48 horas;
  2. Durante la primera semana, hay agotamiento emocional (hubo funerales, servicios fúnebres, reuniones, etc.);
  3. De 2 a 5 semanas, algunas personas vuelven a las actividades cotidianas: trabajo, escuela, vida normal. Pero las personas más cercanas empiezan a sentir la pérdida de forma más aguda. Tienen sentimientos más agudos de añoranza, pena y rabia. Se trata de un periodo de duelo agudo, que puede prolongarse durante mucho tiempo;
  4. De 3 meses a un año de duelo, es un periodo de desamparo. Algunos quedan atrapados en la depresión, otros necesitan cuidados adicionales;
  5. El aniversario es un acontecimiento muy importante en el que hay un ritual de finalización del duelo. Se trata de un servicio, un viaje al cementerio y una conmemoración. Los familiares se reúnen y el dolor compartido alivia la pena de los seres queridos. Esto sucede si uno no está atascado. Es decir, si una persona no puede asumir la pérdida, no puede volver a la vida ordinaria, es como si se quedara en su duelo.

Cómo afrontar la muerte de un ser querido: recomendaciones de los psicólogos

¿Se puede aliviar el dolor y el sufrimiento?

La pérdida de un ser querido es uno de los retos más duros y graves de la vida. Todos los adultos han experimentado la pérdida de una manera u otra. Es una tontería aconsejar a una persona en esta situación que se reponga.

Al principio es muy difícil aceptar la pérdida, pero existe la posibilidad de no empeorar su estado e intentar sobrellevar el estrés. Por desgracia, no hay una forma rápida y universal de afrontar la muerte de un ser querido, pero es necesario tomar todas las medidas para que este duelo no se convierta en una forma grave de depresión.

Hay personas que «pasan el rato» en su difícil estado emocional, no pueden hacer frente al duelo por sí mismas y no saben cómo afrontar la muerte de un ser querido. La psicología identifica signos que deben alertar a su entorno y hacer que se ponga en contacto inmediatamente con un especialista. Esto debe hacerse si la persona en duelo:

  • Pensamientos obsesivos constantes sobre la inutilidad y la falta de objetivo de la vida;
  • Evitar intencionadamente a la gente;
  • Pensamientos constantes sobre el suicidio o la muerte;
  • Incapacidad de volver a un modo de vida familiar durante un largo período de tiempo;
  • Reacciones retardadas, crisis emocionales constantes, acciones inadecuadas, risa o llanto incontrolables;
  • Trastornos del sueño, pérdida o aumento de peso severo.

Ante cualquier duda o preocupación de una persona que ha vivido recientemente la muerte de un ser querido, lo mejor es acudir a un psicólogo. Él ayudará al doliente a entenderse a sí mismo y a sus emociones.

Estas son recomendaciones generales sobre cómo afrontar la tragedia. Aquí hay más consejos de los psicólogos:

  1. No debes rechazar el apoyo de amigos y otras personas;
  2. Es necesario que te cuides a ti mismo y a tu estado físico;
  3. Hay que dejar fluir los sentimientos y las emociones. Puedes intentar expresar tus sentimientos y emociones a través de la creatividad;
  4. No te pongas límites de tiempo para el duelo;
  5. No reprimas las emociones, para llorar de pena;
  6. Distraerse de aquellos que son queridos y amados, es decir, los vivos.

Los psicólogos aconsejan escribir una carta al difunto. En ella debes decir lo que no tuviste tiempo de hacer o informar en vida, para confesar algo. En general, vierta todo en el papel. Puedes escribir sobre cómo echas de menos a esta persona y de qué te arrepientes.

¿Cómo seguir adelante tras la muerte de los padres?

La pérdida de un padre es siempre una gran tragedia. El vínculo psicológico que se establece entre los familiares hace que su pérdida sea una prueba muy difícil. ¿Cómo afrontar la muerte de un ser querido, una madre, un padre? ¿Qué hacer cuando ella o él se han ido? ¿Cómo afrontar el duelo?

Independientemente de la edad que tengamos, afrontar la pérdida de un padre siempre es difícil. Sentimos que se han ido demasiado pronto, pero siempre será un mal momento. Hay que aceptar el duelo, tenemos que aprender a vivir con él. Todavía mucho tiempo en la mente nos dirigimos al padre o a la madre fallecidos, pidiéndoles consejo, pero tenemos que aprender a vivir sin su apoyo.

La muerte de un padre o una madre cambia la vida de forma drástica. Además de la amargura, el dolor y la pérdida, existe la sensación de que la vida se ha derrumbado en un abismo. Cómo afrontar la muerte de un ser querido y volver a la vida:

  1. Hay que aceptar el hecho de la pérdida. Y cuanto antes ocurra, mejor. Hay que entender que esa persona no volverá a estar contigo, que ni las lágrimas ni el dolor le harán volver;
  2. Hay que aprender a vivir sin una madre o un padre. La memoria es el mayor valor de una persona, nuestros padres fallecidos siguen viviendo en ella. Recordándolos, uno no debe olvidarse de sí mismo, de sus planes, de sus actos, de sus aspiraciones;
  3. Poco a poco conviene deshacerse de los recuerdos difíciles de la muerte. Llevan a una persona a la depresión. Los psicólogos aconsejan llorar, se puede acudir a un psicólogo o a un sacerdote. Puedes empezar un diario, lo principal – no guardes todo dentro;
  4. Si la soledad te supera, tienes que encontrar a alguien que necesite cuidados y atención. Puedes conseguir una mascota. Su amor desinteresado y su vitalidad te ayudarán a superar la pena.

Desgraciadamente, no existen recetas prefabricadas sobre cómo afrontar la muerte de un ser querido que sean adecuadas para absolutamente todas las personas. Las situaciones de pérdida y las conexiones emocionales son diferentes para todos. Y cada uno experimenta el duelo de forma diferente.

Para aliviar un poco el dolor, puedes hacer algo en memoria del fallecido. Tal vez él/ella soñaba con hacer algo grande, puedes verlo hasta el final. Puedes hacer alguna obra de caridad en su memoria, dedicar alguna creación en honor.

Es importante mantener la memoria del fallecido, recordarlo siempre con palabras y actos amables.


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