Método de ahorro para el presupuesto familiar, ganador del Premio Nobel

Método de ahorro para el presupuesto familiar, ganador del Premio Nobel

Durante mucho tiempo, la teoría económica se basó en el postulado indiscutible «El ser humano actúa de forma racional y, por tanto, no toma decisiones a su costa». Y todos los modelos de consumo se basaban en esta afirmación.

Pero en el siglo XXI, unos investigadores ganaron el Premio Nobel por un descubrimiento que dice que todo eso es una completa tontería: no somos tan racionales. Y a veces podemos hacer acciones completamente estúpidas y espontáneas. A menudo tomamos decisiones emocionales e inexplicables, y muy a menudo en nuestro propio detrimento.

He aquí un ejemplo sencillo: imagina una situación en la que tienes que comprar un teléfono móvil. ¿Qué elegirías: comprar un smartphone a crédito o con dinero en efectivo? Supongamos que decides comprar un teléfono con dinero en efectivo, y que tienes 300 dólares. ¿Qué solemos hacer? Salimos a buscar la mejor opción posible por 300 dólares. Si nos ofrecen un teléfono de mayor precio, por ejemplo 500 dólares, le decimos al vendedor: «No, tengo 300 dólares y quiero un modelo dentro de ese presupuesto».

Y ahora consideremos cómo cambiaría nuestro comportamiento si pensamos comprar el teléfono a crédito. Supongamos que sólo tenemos 300 dólares a mano, pero que nos gusta mucho el modelo de 500 dólares. ¿Qué ocurre en este caso? Que tenemos razón. Compraremos este modelo, aunque no estaba en nuestros planes.

¿Por qué ocurre esto? Por las diversas trampas de nuestro pensamiento:

  1. Primero, porque pensamos que no es nuestro dinero. No hemos ganado estos 200 dólares extra nosotros mismos. No los tenemos. Y lo tratamos como si no fuera nuestro y lo gastamos mucho más fácilmente;
  2. En segundo lugar, ni siquiera vemos ese dinero. No lo sentimos. Y si no lo sentimos, no está ahí. Y es más fácil desprenderse de ese dinero;
  3. Y el tercer punto: aunque nos demos cuenta de que estamos pagando de más, es más fácil para nosotros aceptarlo si no son 200 dólares más a tus gastos inmemoriales, sino sólo 30 dólares más a la mensualidad. Empezamos a pensar: «¿Cuál es el problema? ¿No puedo permitirme gastar esos 30 dólares más al mes?».

Como resultado, compras un teléfono que no estaba previsto en un principio, y con características adicionales que no necesitas. Como resultado, pagaste 200 dólares de más, y además pagarás intereses adicionales por el préstamo. Está claro que eso no te beneficia. Pero eso es lo que has decidido tú mismo.

Pero podría ser incluso peor. Por ejemplo, si vinieras a la tienda no sólo a por un teléfono, sino también a por un televisor u otros electrodomésticos. Imagina lo que pasaría con tu presupuesto familiar si lo compras todo a crédito.

Este comportamiento, por cierto, explica muy bien el endeudamiento de los ciudadanos de Estados Unidos y de muchos otros países desarrollados. Parece que no son personas estúpidas y educadas, sino que están constantemente endeudadas. ¿Cómo es posible? Es sencillo: no piensan racionalmente, sino emocionalmente.

¿Cómo evitar todo esto?

  1. Hay que acostumbrarse a una planificación clara de las compras;
  2. Debe evitar las adquisiciones espontáneas. Debe evitar por completo las compras emocionales y mal concebidas, por mucho que no lo desee. Debes decidir de antemano qué comprar y cuánto gastar;
  3. Debes disciplinarte, no regalar tus emociones en la tienda, no escuchar a los vendedores. Debes confiar sólo en tus ojos y en tu mente;
  4. Y, por supuesto, debes negarte a hacer pequeñas compras a crédito. Así te proteges de las acciones irracionales. Si no puedes evitar la tentación de comprar algo a crédito, no lleves el pasaporte y la tarjeta de crédito a la tienda.

¿Hay alguna prueba?

La principal prueba de la irracionalidad de las compras a crédito es un enorme estudio de investigadores, por el que recibieron el Premio Nobel. He aquí algunos postulados de su estudio.

Al comprar, las personas se ven influidas por muchos efectos, pero los principales son dos:

El efecto de la contabilidad mental

Normalmente separamos todo el dinero que tenemos. Creamos diferentes cuentas en nuestra cabeza para el dinero. Por ejemplo, tenemos 500 dólares que recibimos como paga, y 500 dólares que recibimos como pago de la compañía de seguros. Hay 500 dólares ahí y ahí. Son el mismo dinero, y tienen el mismo poder adquisitivo y valor. Pero no para nuestros cerebros:

  • El dinero que es nuestra paga, lo gastaremos con cuidado y frugalmente;
  • Pero el dinero que obtenemos de nuestra paga del seguro para nosotros parece como dinero fácil. Y como es fácil se puede gastar en todo tipo de tonterías. El dinero fácil es siempre así: «Fácil viene – fácil se va».

Siguiendo esta misma lógica, dividimos el dinero en propósitos y lo gastamos de diferentes maneras:

  • Si se trata de comprar comida, reservaremos un mínimo de nuestro dinero para ello. E incluso gastar 100 dólares en el supermercado nos parecerá gigantesco;
  • Si se trata de nuestro estatus, nuestra apariencia o nuestras vacaciones, estamos mucho más dispuestos a desprendernos del dinero. Y podemos gastar casi todo lo que ganamos en un mes.

El efecto de la propiedad

Consiste en que valoramos más algo que nos pertenece que la misma cosa que no es nuestra.

Este truco lo utilizan muy bien los dependientes. Saben que si le dan a una persona en una tienda alguna cosa para que la sostenga en sus manos (o para que se suba a un determinado coche), luego la otra cosa le resultará menos interesante. Volviendo al ejemplo anterior: el vendedor le da un teléfono de 500 dólares para que lo sostenga, aunque sabe que cuesta más de lo previsto.

Pero lo más interesante de este estudio es que las cosas que las tiendas intentan vendernos y poner en nuestras manos no tienen por qué ser diferentes. Incluso pueden ser iguales. Así, según el estudio, las personas estaban más dispuestas a comprar los artículos que ya habían tenido en sus manos que los que estaban en el escaparate, ¡aunque su precio, características y aspecto fueran exactamente iguales!

Estas son las interesantes e insidiosas trampas de nuestro pensamiento y consumo. Hay muchos más descubrimientos en este sentido. Si quieres explorar mejor este tema te aconsejo que introduzcas la frase en una búsqueda «economía del comportamiento». Allí encontrarás muchas cosas interesantes.


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